Desde las primeras figurillas modeladas en arcilla, en un bostezo del tiempo, el hombre es presa de la intemperie, a la cual le dedica espacios materiales, concebidos por la necesidad de habitarlos para sus más diversas manifestaciones de toda índole, artísticas, religiosas, que se irán modificando y conquistando hasta alcanzar la colonización aún más allá de nuestra tierra (IIS). Por eso en un espacio mínimo de tamaño, un mínimo tamaño grande. nombre que le da título a la exposición de escultura de San Lorenzo de el Escorial (España).
Hechas por artistas con distintas técnicas y materiales, principalmente influenciados por exaltar el espíritu y los valores humanos, y como no, por evidenciar los intereses obscuros que el hombre también ha sido objeto y sujeto de hechos siniestros que marcan sin duda la huella de la tierra.
Se dan a la tarea una vez más, por sexto año consecutivo, artistas de diversas nacionalidades, a expresar sus sentimientos.
Espacio mínimo de tamaño, nos remite a ciertas leyes que se caracterizan por lo propiamente dicho (espacio mínimo de tamaño), en el caso la ley MOR, de (IBM) promete multiplicar sus procesadores al doble de su capacidad cada tres meses, de manera que dentro de pocos años el hombre será capaz de almacenar su vida, pensamientos, sensaciones y todo lo que vio y escuchó.
La escultura en un tiempo fue echa a la escala del hombre, después este perdió la escala para enaltecerse y negar a Dios.
La escultura se puede interpretar como símbolo de lo permanente o lo efímero.
La escultura puede ser reflexiva o flexible, si en la lluvia poéticamente en cada gota vemos una escultura como mínimo tamaño.
La escultura puede ser una mirada penetrante de nuestra concepción y condición como especie. Miramos así los logros y objetivos claros, en los espacios de un mínimo tamaño puro.
La metáfora es, mínimo tamaño grande.

l.R.M..