Exposición de pintura “Luna de Silencio”. Inauguración el 6 de octubre de 2017 a las 20.00 horas. Con tal motivo he creado una performance. Idea original Méndez Lobo. Creación de la música Antonio Rodríguez Real (Antonio Reyes guitarrista). Composición de los textos Quo Teatro y la coreografía Sara Pérez. Con la colaboración de Pablo Abraira.

Centro Municipal de las Artes Buero Vallejo “Sala El Paso”. C/ Los Robles, s/n. Alcorcón 28922. Madrid.

Óscar Méndez Lobo. Luna de silencio

Óscar Méndez Lobo lleva involucrado en la creación pictórica desde hace más de tres décadas. Aunque no sería sencillo, una posible manera de aproximarnos a su amplia trayectoria sería establecer un ortodoxo relato cronológico que atendiera a las etapas y series que han jalonado su producción. Sin embargo, por encima de las distintas variables marcadas por la experimentación y la progresiva madurez de su lenguaje, existe un firme hilo conductor que anuda toda su producción: la búsqueda de un lenguaje abstracto hondo y complejo, capaz de configurarse más allá de los repertorios y fórmulas del legado modernista.

A lo largo de estas tres décadas, Méndez Lobo ha ensayado las suficientes alternativas en su pintura para que la condición de rotundidad de sus cuadros actuales sea más que evidente. Y eso aun cuando su obra última, reunida bajo el título “Luna de silencio”, supone un importante giro en su manera de abordar la imagen pictórica. En primer lugar, ha desaparecido cualquier atisbo de aquella geometría que, ya fuera de manera sutil o con una marcada función compositiva, estaba presente en sus principales series. En segundo lugar, la atmósfera lírica y evanescente que siempre ha predominado en su trabajo ha plegado su impronta para ceder el paso a la sobriedad de unos fondos oscuros que, en sus versiones más avanzadas, recalan directamente en el negro. Pero es sobre todo una tercera variable la que marca la actual vía de exploración en el trabajo de Méndez Lobo: una nueva manera, más concisa y descentralizada, de concebir la mancha.

Golpes de color

En sus series de plena madurez, aquellas que se agruparon a través de títulos tan sencillos pero de alta sugerencia como “Sueños” (2008), “Luces” (2011) y “Vientos” (2013), la morfología de la mancha de color se expandía, a través de caminos dinámicos, sobre buena parte de la superficie del soporte. Una materialidad sabiamente modulada y una gestualidad vibrante configuraban la piel de una mancha cuyo contorno podía llegar a evocar morfologías. Incluso, en los últimos trabajos de su serie “Vientos”, la mancha se organizaba bajo parámetros de azar controlado capaces de articular perfiles femeninos, sinuosos y plenos de volúmenes que, al mismo tiempo, no dejaban de ser puras formas abstractas.
En su producción actual, Méndez Lobo ha dejado en segundo plano el debate acerca de lo indeleble de oposiciones tan aparentemente nítidas como las que se darían entre lo abstracto y lo figurativo. Ahora, la mancha contrae su forma, se establece como un golpe de color puro y multiplica su presencia. Podemos pensar, claro, en jardines florales esparcidos ante nuestra mirada. El artista no reniega de la posibilidad de esta lectura, consciente de que ni siquiera en las formas más extremas del plasticismo abstracto dejan de cumplirse en algún grado el fundamento simbólico de las artes visuales. Pero la clave no radica en esta posibilidad interpretativa tan concreta. A lo que asistimos es a la construcción de una nueva narrativa abstracta dentro de su trayectoria, más gozosa, exultante y definitivamente desviada del canon regulador que implicaba la geometría.

Un canto barroco

La fuerza de la tradición barroca en España ha sido utilizada de manera recurrente para apelar a una improbable identidad creativa nacional. Así, desde los planteamientos teóricos de Eugenio D’Ors, pasando por las distintas poéticas del informalismo y hasta llegar a las pinturas de Barceló o de Pérez Villalta, esta genealogía ha atravesado buena parte de los discursos sobre la modernidad en España. En conversación, es el propio Méndez Lobo quien nombra el adjetivo barroco para ajustar algunas de las características que él mismo observa en la nueva orientación que ha otorgado a su pintura.

Es cierto que hay un acento dramático, marcado por esos fondos oscuros que realzan la intensidad lumínica de blancos, rojos, malvas y amarillos. La mezcla de delicadeza y de energía, el ritmo musical de las distintas tonalidades, los excesos y las pausas, o el gusto por la composición descentrada son recursos que rompen con la visualidad ordenada correspondiente al funcionamiento morfológico-espacial del clasicismo. Pero este canto barroco funciona sobre todo como respuesta al silencio que el propio artista se había impuesto desde el año 2013, fecha de sus últimos trabajos mostrados al público en formato expositivo.

Este proceso de aislamiento en su taller de Leganés coincide con el desencanto del artista hacia un contexto social mediado por una crisis económica que nos siguen narrando como irresoluble, por la desidia y la corrupción política, por un continuo desprecio del entendimiento de la cultura como vía de desarrollo y, sobre todo, por un entorno social ensañado con los más débiles y atravesado por conflictos que tejen el tapiz de una violencia que posee ya un carácter estructural.

La pintura como viaje

“Luna de silencio” no habla de manera directa de la actual situación socio-política, aunque sus emociones nazcan de ella. No es Méndez Lobo un artista cuyo lenguaje transcriba de manera directa las palabras de un discurso. Su vocabulario está formado por colores y formas abstractas dispuestas sobre el soporte en un determinado orden. Pero esta nueva manera de elaborar su lenguaje plástico, modulado a través de fogonazos independientes de color, no es un simple giro formal y nace de un audaz paralelismo con un presente dislocado que ya no responde –si es que alguna vez lo hizo– a unas entidades o verdades absolutas sino a un sistema abierto a la combinación interactiva, compleja y conflictiva, de experiencias simultáneas.

Hay algo de luto en los fondos negros de esta nueva serie. Ese es, precisamente, el color de designa el dolor y la pena en la mayoría de los pueblos europeos. Pero para Méndez Lobo la pintura es, según sus propias palabras, “un viaje a mundos nuevos”. Lo que nos ofrece el artista en esta serie es un espacio de alta densidad visual atravesado por una belleza que no rehúye la posibilidad de integrar en su interior el latido del llanto; un espacio para la contemplación que es dueño de una poderosa fuerza simbólica; un vigor expresivo que quiere acompañarnos a las proximidades de un (otro) universo posible que aspira a ser construido no desde las utopías de unos pocos privilegiados sino a través de los deseos colectivos.

Carlos Delgado Mayordomo

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